lunes, 7 de junio de 2010

'Sexo en Nueva York 2', Michael Patrick King

Que Carrie Bradshaw viviese en un apartamento al lado de Central Park, comiese y cenase a diario a base de restaurantes, tuviera 40.000 dólares en zapatos dentro del armario y para desestresarse se fuera a Dior, Prada y demás con un sueldo de una columnista en un semanario ya era excesivo. Pero que un jeque árabe que no aparece en toda la película más que un par de minutos invite a las cuatro damas a un complejo hotelero de máximo lujo en Abu Dhabi costeándole viajes en camello y alguna que otra prenda de marca, ya es un abuso contra la bondad del espectador.

Esta segunda película de la saga Sexo en Nueva York (seis temporadas de serie y dos largometrajes) carece de argumento; no hay trama, no hay acción, sólo exhibicionismo del lujo, la repetición de los temas de siempre pero extrapolándolos a un escenario diferente (Abu Dhabi) y el encadenamiento de una serie de situaciones ridículas, burdas, insostenibles y forzadas. La película se aleja de su natural Manhattan para intentar dar un giro que no existe; el discurso es el mismo de siempre, idénticas frases huecas y escenas fruto de la casualidad que, si bien podrían tener sentido en cualquier calle de Nueva York, desde luego no en un zoco de los Emiratos Árabes.

Sexo en Nueva York 2 no sólo puede suponer una decepción para sus fans, que pueden ver a sus protagonistas más como caricaturas que como personajes, sino que dan una razón de peso a sus detractores para reafirmarse en la idea de que esta serie llena de lujo, glamour y sexo no es más que la versión cinematográfica del sueño de todas aquellas jovencitas que aspiran a contonearse por las calles más caras de su ciudad y quedar por la noche con sus amiguitas para tomar Cosmopolitans. En definitiva, una película fallida que sólo contribuye a desdibujar aquellos divertidos momentos frente al televisor con el Sexo Nueva York de hace unos cuantos años.

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