domingo, 24 de enero de 2010

'Nine', Rob Marshall

Me pregunto qué clase de perversión habré cometido durante la semana para llegar el viernes, meterme en el cine, y recibir tamaño castigo a través de mis ojos. Porque no puede haber otra forma de definir lo que he sentido con Nine, la última película de Rob Marshall.

El film se abre de inmediato con el desfile de un reparto "de lujo": Nicole Kidman (¿dije de lujo?), Marion Cotillard, Penélope Cruz, Judi Dench, Sophia Loren y el hombre de la película, Daniel Day-Lewis. Veo las primeras coreografías, las canciones, la increíble interpretación de Day-Lewis y pienso que la cosa promete. Incluso dejo que a lo largo de los minutos, la historia me vaya atrapando, aunque siempre esperando un giro necesario que nunca llega. La fotografía sugiere, las apariciones de la grandísima Judi Dench (¡qué gran actriz!) seducen... pero a la hora y cuarto de película, parecía que había pasado el triple de tiempo. Lentamente, algunos espectadores abandonaban la sala consumidos por la desesperación.

Y es que a mitad de la película, el interés cae en picado, el abuso de las canciones es machacante y el final se va prolongado hasta lo incomprensible. Y si además contamos que de repente la superartificial Nicole Kidman cobra una relevancia que el exceso de botox no le permite asumir (es como pedirle a una Barbie que muestre algo de expresión), entonces los efectos de la impaciencia ya se apoderan de mi ser. Que conste, no me parece una película terrible, sino solamente una experiencia eterna.

Buenas interpretaciones, buena banda sonora, buena fotografía, buena dirección artística... pero al final la película acaba siendo una tarta rebozada de caramelos de colores, pero con una masa incomestible. Con tan buenos ingredientes, la culpa la debe tener el que hace la tarta.

No hay comentarios: