domingo, 1 de noviembre de 2009

'Malditos bastardos', Quentin Tarantino

Que conste desde el principio: Malditos bastardos me ha parecido pura genialidad. Tarantino se centra en la ocupación alemana de Francia. Una chica judía que había escapado de las garras de un alto cargo de la Gestapo está preparando su venganza en París. Por otro lado, un grupo de americanos, llamados los Bastardos, han llegado a la capital francesa para aniquilar al máximo número de nazis. A partir de ahí, las situaciones y el ingenio tan típicamente tarantinianos empiezan a desatarse hasta el desenlace de la película con una escena final que bien merecía que me arrodillase en el cine y gritase aquello de ¡chapó! (no lo hice por decoro).

Con técnicas cinematográficas que recuerdan a los cómics de superhéroes (viñetas, exaltación de cualidades de los personajes, letras enormes y chillonas...), el director de Kill Bill vuelve a demostrar su extraordinaria capacidad de reinventar el cine a partir de títulos ya olvidados. Tarantino no inventa personajes ni situaciones, sino que los redescubre para darles su toque personal.


Si a eso añadimos que las interpretaciones son excelentes (Brad Pitt, Diane Kruger, Mélanie Laurent, Christoph Waltz, Michael Fassbender, Daniel Brühl, Eli Roth y Martin Wuttke), nos queda una obra maestra en mayúsculas.

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