domingo, 18 de octubre de 2009

'Si la cosa funciona', Woody Allen

Si la cosa funciona recupera lo más genuino de Woody Allen. Boris es un tipo mayor con achaques e hipocondríaco hasta el extremo. Tiene tendencias suicidas y actualmente no es más que una vieja gloria, gruñón, antisociable y presuntuoso. Su vida da un giro cuando una jovencísima chica se cruza en su camino y empieza a vivir con él.

La hipocondría, la tendencia al suicidio, un hombre inteligente al lado de una chica ingenua, un hombre mayor con una jovencita, un montón de historias amorosas frustradas, conversaciones trascendentes, el jazz de fondo y el falso diálogo del protagonista con el espectador. Son los ingredientes típicamente Allen que, aunque vuelven a la carga en 2009, en realidad parten de un guión escrito en los años 70. Quizá por esa razón el filme acusa la falta en escena del propio Allen. El papel protagonista estaba claramente pensado para que lo interpretase el mismo Woody Allen, los comentarios de Boris suenan descontextualizados si no salen de la boca del director y las situaciones no han acabado de provocarme la carcajada porque no me las creía del todo. El actor debía haber sido Woody Allen y no otro.

La película tiene genialidad, pero la he visto desorientada, como si fuese un último esfuerzo de recuperar la esencia de Woody Allen pero sin Woody Allen. No me cabe la menor duda de que con su presencia, la cosa hubiese funcionado. Sin él, me he tenido que conformar con los guiños, los recuerdos simpáticos de sus paranoias: pequeños destellos dentro de una película sosa (le faltaba el ingrediente principal). Quizá el director pensó en rescatar su guión del cajón y pensar: "Si la cosa funciona...".

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