sábado, 11 de abril de 2009

'Martín (Hache)', Adolfo Aristarain

Adolfo Aristarain es de esos directores solventes, que prácticamente con cada película que hace, convence. De su trayectoria podemos destacar títulos como Martín (Hache), Un lugar en el mundo, Lugares comunes y Roma. Precisamente Martín (Hache) es, para mí, su mejor película con diferencia.

Federico Luppi (un fijo de Aristarain) encarna a Martín Echenique, un director de cine poco sociable. Él, aunque es argentino, vive en España; sus únicos amigos parecen ser su amante, Alicia (Cecilia Roth), y su colega Dante (Eusebio Poncela). Una mañana, Dante informa a Martín que su hijo, Martín Hache (Juan Diego Botto), ha intentado suicidarse. Martín padre coge un vuelo y se marcha a Buenos Aires para estar al lado de su hijo, con el que no ha tenido demasiado contacto en los últimos años. Allí se encuentra con su ex esposa, que le pide que se lleve a su hijo a España. A Martín no le quedará más remedio que ceder y meter a su hijo en casa, a pesar de que siempre ha vivido solo y de que le cuesta mucho relacionarse con nadie.



En esta película hay concentrados aquellos mágicos ingredientes: sexo, drogas y rock and roll. Pero Martín (Hache) no es solamente un película de tópicos, de desvaríos adolescentes y de cierta moralina. Aristarain pensó en una película directa, sin tapujos, donde reflejaba el contraste entre la vida de un hijo desubicado, sin estudios ni trabajo, que coquetea con las drogas y la de un padre acomodado con la vida hecha y que no le convence que venga alguien a desmontarle esa comodidad. Entre ambos están Alicia y Dante, que, aunque quieren a Martín padre, saben que es un gruñón y ven la llegada de Martín Hache como una excelente noticia.

La película es básicamente guión. Uno podría taparse los ojos y dedicarse exclusivamente a escuchar los diálogos. El texto, escrito por el propio Aristarain y por Kathy Saavedra, es una auténtica delicia. Luego, si añadimos las brillantísimas interpretaciones de todo el equipo (Poncela, Botto, Roth y Luppi), nos queda una obra de arte en mayúsculas. Martín (Hache) no deja indiferente a nadie.

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