viernes, 10 de abril de 2009

'El último día', Rodolphe Marconi

Simon (Gaspard Ulliel), un chico francés de 18 años, regresa a casa a pasar unas vacaciones con su familia. Simon tiene mala relación con su padre (que no acepta que su hijo estudie Bellas Artes) y con su hermana. Su madre parece ser la única que lo entiende. Entre los diferentes miembros de la familia apenas hay comunicación, ni siquiera el hecho de que Simon traiga a casa a una chica, a la que conoció la noche antes en el tren, parece levantar demasiado interés en el resto.

Imagino que Rodolphe Marconi, el director, no quería que la fuerza de la película radicara en el guión, porque en muchos momentos del filme, los diálogos desaparecen y el espectador debe centrarse en la imagen y comprender los silencios. Precisamente por eso, uno puede detenerse en observar los aspectos técnicos de la película: escenas que podían ser eliminadas, planos que no convencen, un montaje que delata demasiado las intenciones del director... De algún modo, Marconi (que también ha escrito el guión) ha querido relatar una historia de secretos familiares, donde el silencio y la incomunicación son la esencia argumental. Pero querer reflejar esa complejidad humana con un montaje original resulta demasiado forzado. Se nota tanto que el director ha querido dar belleza a su película con determinados planos, que la historia, gracias también a un extraño argumento, resulta inverosímil desde el primer minuto.



Pero el poco gusto de Marconi no se queda solamente en su manera de concebir la película, ya que la música que ha elegido para acompañar la historia de Simon es desconcertante. ¿Realmente era ésta la mejor opción para este drama? Está bien que los directores experimenten y aporten una nueva narratología al cine, pero siempre con un mínimo de sentido común. Y, créanme, no hay quer muy inteligente para darse cuenta que El último día (2004) es una película que cogea desde el principio.

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