lunes, 13 de abril de 2009

'Delitos y faltas', Woody Allen

Películas como Delitos y faltas (1989) demuestran que Woody Allen siempre quiso escribir una historia criminal seria, sin la carga de humor que siempre le pone con sus intervenciones. Con Match Point (2005) demostró que sabía hacerlo y obtuvo excelentes críticas. Luego intentó repetir la fórmula con Scoop (2006) y El sueño de Casandra (2007), aunque con esta última no fue tan respaldado.

Delitos y faltas es un claro antecedente de Match Point. En esta última, Allen nos mostraba cómo un entrenador de tenis (Chris Wilton) de buena posición social es puesto en jaque por su amante (Scarlett Johansson), que lo amenaza con contarle a su esposa (Emily Mortimer) su aventura si no deja la relación con ella. En Delitos y faltas tenemos exactamente lo mismo: un oftalmólogo (Martin Landau) con reputación se ve amenazado por su amante (Angelica Huston) por el mismo motivo y de la misma forma. Los maridos de ambas películas se ven obligados a tomar decisiones drásticas.


Pero Delitos y faltas, además de la historia criminal, nos explica el sentimiento de culpabilidad del oftalmólogo, Judah, un judío de fuertes convicciones religiosas. Y tenemos otro personaje, Clifford (Woody Allen), un director de cine que, aunque odia a su cuñado, se ve obligado a rodar un reportaje sobre su vida. Clifford sabe que tiene que hacerlo, pero le angustia seguir con el proyecto. Las historias de Clifford -las dos caras del éxito- y Judah -la doble moral- suceden de forma paralela a lo largo de la película, el espectador asiste a ellas de forma intercalada. Solamente al final del filme, ambos personajes llegan a un mismo punto, aunque las dos historias tengan conexiones de forma constante.

Nominada a tres Óscars -guión, dirección y actor secundario-, Delitos y faltas tuvo una buena acogida por parte de la crítica cuando se estrenó en 1989. Esta película es una buena manera de aproximarse a la parte cómica y a la dramática de Woody Allen.

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