lunes, 30 de marzo de 2009

'Los abrazos rotos', Pedro Almodóvar

Sigo con lo mío... Almodóvar no me convence. Sí me gustó el Almodóvar de Todo sobre mi madre y el de Hable con ella. Incluso el de La mala educación no me decepcionó del todo. En cambio todo el resto de su producción me parece incomprensible. No es que no entienda sus argumentos, lo que escapa a mi comprensión es su éxito.

A pesar de que el director manchego no me va, siempre le concedo nuevas oportunidades para que me seduzca. Ayer fui al cine a ver Los abrazos rotos, pero no hay manera. Uno ya empieza a intuir por dónde va a salir siempre Almodóvar y a veces sólo hay que esperar a que se produzca lo que uno espera. Casi al final de la película hay un giro en el guión que es tan previsible (en la relación Mateo-Diego), que parece lógico pensar que ese cambio de rumbo no se va a producir. Pero no sólo se produce, sino que nos es revelado como una gran noticia inesperada. En el cine, cuando saltó esta escena, pude escuchar comentarios irónicos y reprobatorios.



Tiene gracia que Almodóvar haga un guiño a anteriores películas suyas, como Mujeres al borde de un ataque de nervios. También que aparezcan de forma fugaz actrices tan almodovarianas como Ángela Molina, Chus Lampreave o Rossy de Palma. Incluso destacaría la complicidad que ya hay con el espectador a través de una dirección artística (Antxón Gómez) y la banda sonora (Alberto Iglesias), que contienen toda la esencia de Almodóvar. Pero el argumento no tiene fuerza, las interpretaciones no son para echar cohetes (buen reparto, pero los papeles no dan para lucimientos, creo yo) y el texto en sí a veces roza lo empalagoso.

Veo el traíler de Ágora, la nueva película de Alejandro Amenábar y pienso: "hay que ver cómo ha evolucionado este director desde Tesis". Pero veo las películas de Almodóvar y pienso: "este hombre no avanza ni a empujones". No sé si es que se le ha acabado la imaginación y ya sólo le queda autorreferenciarse y seguir tirando de sus tópicos, pero el rédito tiene un límite y Almodóvar debe andar bordeándolo.

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