miércoles, 25 de marzo de 2009

'Gran Torino', Clint Eastwood

Hace unos días un amigo me dijo que, tras ver Gran Torino, sintió ganas de arrodillarse en la sala de cine y reconocer así la gran película que había dirigido Clint Eastwood. Yo, que tengo muy en cuenta el criterio de este amigo, anoté rápidamente en mi agenda ver esta película. Hoy, por fin, he podido saldar mi deuda.

Dicho esto, me surge un problema para expresar lo que me ha parecido Gran Torino. En mi mente se agolpan un montón de ideas, pero siento una especie de bloqueo que me impide hacer una reseña con un mínimo de orden y coherencia. Lo primero que pienso es cómo es posible que un vaquero que se pasaba el día escupiendo tabaco de mascar en los filmes del spaghetti western haya acabado dirigiendo películas como Cartas desde Iwo Jima o Mystic River. Pero me pregunto también cómo es posible que un tipo que roza los ochenta años tenga tanta capacidad para expresar con su cara todo un contenido argumental. En alguna ocasión, Sergio Leone (unos de los directores de las películas del oeste protagonizadas por Eastwood) prescindía de guión en algunas escenas y simplemente ponía la música de Ennio Morricone, porque sus notas tenían más carga argumental que las palabras. Pero, personalmente, creo que siempre se ha infravalorado a Eastwood en su faceta de pistolero del oeste; ¿no era también que Sergio Leone buscaba el encuadre perfecto -primeros planos- de Eastwood mientras dejaba sonar a Morricone?


En Gran Torino, Eastwood demuestra una vez más -por si alguno lo dudaba- su fuerza interpretativa. Bendito sea él por haber pasado del botox a su edad y dejar que sus líneas de expresión transmitan tanto al espectador. Solamente hay que dejarse llevar por sus caras para poner en vilo al público. No hace falta nada más. Claro que, si además de actor, es director, el resultado es una obra maestra como Gran Torino.

El guión (Nick Schenk) es bueno, la dirección es buena, son buenas las interpretaciones, es buena la música (Kyle Eastwood y Michael Stevens) y qué buena es la carga ideológica que siempre hay detrás de las películas de Eastwood. Y qué buenos son mis amigos cuando me recomiendan películas como ésta.

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