viernes, 25 de julio de 2008

'Hiroshima, mon amour', Alain Resnais

Una chica francesa se encuentra en Hiroshima grabando una película. En su estancia se enamora de un japonés con el que inicia un fugaz romance. Pero la joven actriz deberá regresar a París en cuanto acabe la película y dejar a su amante. En los últimos momentos, se debaterá en si debe abandonar su antigua vida y quedarse en Hiroshima con él o dejarlo y volver a París.

¿Por qué esta película es un clásico del cine? En primer lugar por la dirección: Alain Resnais es uno de los fundadores de la Nouvelle vague, junto con otros nombres como Truffaut. En segundo lugar porque la guionista fue Marguerite Duras. También, claro está, por lo que supuso este filme para la historia del cine. Resnais consiguió con Hiroshima, mon amour activar una narratología cinematográfica diferente, rompiendo la linealidad de la historia gracias a diversos flash backs, que, en este caso, unen la tragedia del pasado con la angustia del persente. Si juntamos Duras, Resnais y Nouvelle vague, ya tenemos tres ingredientes infalibles para considerar esta película como un clásico.

Pero más allá de estos aspectos artísticos y técnicos, lo demás resulta bastante insustancial. Hiroshima, mon amour (1959) es, algo así, como un guiño a Casablanca (Michael Curtiz), pero al estilo de la Nouvelle vague. La película de Resnais está llena de referencias al filme de Curtiz. De hecho, el último bar donde se encuentra la pareja se llama Casablanca. Las historias de ambas películas son bastante semejantes. Podríamos decir que Resnais reinterpretó a Curtiz.

La diferencia entre ambas películas es que Casablanca es una maravilla y el de Resnais brilla más por la técnica que por el contenido. Se nota que hay una historia de amor intensa marcada por la tragedia del pasado, pero no acabamos de profundizar demasiado en ella. Él guión se limita a la repetición de esos traumas, del terror en Hiroshima cuando cayó la bomba atómica, pero la relación entre los personajes no avanza demasiado en toda la película. Da la sensación de que llegados a cierto punto, el filme se estanca y lo demás podría ser prescindible. El desenlace no es, tampoco, para echar cohetes.

No me extraña que Hiroshima, mon amour no me haya seducido, si tenemos en cuenta que jamás me gustaron las historias de Marguerite Duras. Esperaba que, escribiendo un texto para el cine, sabría darle más fuerza que a sus novelas, pero la película está llena de pretensiones sin que se colmen todas las expectativas. Claro que estamos hablando de la Nouvelle vague, de Duras y Resnais y ya por eso parece que debamos decir que estamos ante una obra maestra. Personalmente creo que está sobrevalorada. Mucho mejor es, para mí, Los cuatrocientos golpes de Truffaut.

1 comentario:

Patricia Tena dijo...

He cogido esta película de la biblio un montón de veces con intención de verla y nunca lo he conseguido. Sé que es un clásico, pero es que es sólo ver el dvd y me da una pereza enormeeee...