viernes, 4 de julio de 2008

'El golfo', Vicente Escrivá

En 1968, Vicente Escrivá dirigió El golfo, la tercera película protagonizada por Raphael. En esta ocasión el cantante encarna a Pancho, un joven de Acapulco que sobrevive gracias a pequeños hurtos y breves actuaciones para los turistas en la playa. Un día llega a Acapulco Mary O'Hara, una ejecutiva americana cansada de su vida rutinaria. Aunque O'Hara solamente va a disfrutar de un descanso, no podrá resistirse a los encantos de Pancho.

Las películas protagonizadas por Raphael están cortadas todas con el mismo patrón. Empiezan con el artista cantando y acaban del mismo modo. La última actuación siempre supone una evolución respecto a la primera. En los últimos minutos del filme, el protagonista ve cómo su historia de amor da un giro inesperado, por lo que esa última canción remite inevitablemente al fracaso sentimental.


En 1966, Mario Camus dirigió Cuando tú no estás, en 1967 Al ponerse el sol. En 1968 fue Vicente Escrivá quien dirigió El golfo. Es curioso cómo Raphael empeora en cada una de las películas. Su interpretación se hace cada vez menos creíble, más sobreactuada e insoportable. Además, el empeño de los directores por hacer de Raphael un ligón irresistible para las mujeres se hace absolutamente indigerible: no puedo creerme el personaje, veo a un tipo afeminado que se lleva a las mujeres de calle. Y en cada película se le ve un poco más amanerado. ¡No me creo sus historias de amor!

Por lo demás, la verdad es que esta película es bastante aburrida. Hay demasiadas actuaciones de Raphael, muchas de ellas no vienen a cuento con el argumento. En una buena parte de la película, cada pocos minutos Pancho se desata y empieza a cantar. No era necesaria tanta actuación que sobrecarga la marcha de la película.

El guión en sí es bastante flojo, una historia sin demasiado interés. Una americana (con perfecto español) llega a un Acapulco donde los hombres encarnan la peor esencia cañí, ese chulerío español del "oye, muñeca", del agarrar fuerte a la chica y besarla sin dejar que se resista y, claro está, que ella se deje llevar por esa hombría española. ¡Qué indigesto!


Para los espectadores de finales de los 60, quizá la película fuera un éxito solamente por estar protagonizada por Raphael. En la actualidad, esta película sólo triunfaría en la sesión de tarde de Cine de Barrio. En pleno 2008, Raphael empalaga bastante. Mario Camus supo suavizarlo con un guión aceptable; Vicente Escrivá no.

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