martes, 8 de julio de 2008

'Carros de fuego', Hugh Hudson

De vez en cuando ocurre que auténticos fenómenos cinematográficos acaban siendo magnificados por determinadas situciones o razones. Es decir, algunos filmes pasan a la categoría de clásicos sin saber exactamente porqué.

Carros de fuego (1981) es uno de esos casos. El argumento es sencillo a más no poder: un grupo de universitarios británicos lucha por conseguir ganar las pruebas de atletismo en los Juegos Olímpicos. Toda la película es la preparación física, los entrenamientos, las conversaciones sobre las pruebas... Al final ocurre lo que tenía que ocurrir. Es decir, no hay nada imprevisto en la narración. Resulta un guión bastante lineal.

Tan lineal que incluso hay momentos en que llega a aburrir de forma pasmosa. Uno tiene la sensación de que en los 123 minutos que dura la película no ocurre nada. La prueba es que el argumento se puede resumir en apenas unas líneas. Aunque se pretende centrar la atención en dos personajes concretos, la verdad es que el guión en ningún momento consigue entusiasmarnos con ninguno de ellos.

De hecho, parece que el éxito de la película se deba a su impecable banda sonora, a cargo de Vangelis. Seguro que hay más gente que conoce la película gracias a la música que al revés. En cualquier caso, me atrevería a decir que el tema principal de la banda sonora está mal ubicado en la película. En lugar de dejarla para el final, como colofón y explosión a tantos meses de entrenamiento, prefieren ponerla justo al principio, cuando la película apenas ha empezado y el espectador casi no tiene contacto con el argumento. Una baza mal aprovechada.

La película no es mala, de ningún modo, pero creo que se podría haber dirigido mejor. Podría haberse sacado mejor partido con este filme. En resumidas cuentas, me ha parecido una película correcta, pero bastante sosa.

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