martes, 10 de junio de 2008

'Waz', Tom Shankland

Un asesino en serie pone en jaque a sus víctimas con un macabro juego. Para que puedan salvar sus vidas, deben matar a un ser querido; en caso contrario, sufrirán dolor hasta que no resistan más. Es sencillo: si la víctima no resiste la tortura, basta con que pulse un botón, momento en que queda libre y su ser querido es electrocutado.

Con esta decisión, el asesino quiere poner en tela de juicio la ecuación de Price (w-delta-z), que demostró que los animales prefieren salvar su vida aunque eso signifique que el resto del grupo muera. La ecuación confirma, por lo tanto, que el altruismo no existe y que los seres vivos -también los humanos- se mueven por su propio bienestar e interés.

Que nadie vaya a pensar que en el trasfondo de esta historia hay algún indicio de filosofía. Lo de la ecuación es solamente el motor de arranque para que el asesino mate y torture. Quizá lo más existencial del argumento es pensar si nosotros seríamos capaces de aguantar las torturas o pulsar el fatal botón. Dos detectives (que encarnan Stellan Skarsgard y Melissa George) serán los encargados de evitar que el asesino continúe con su objetivo. Con toques de corrupción policial, bandas callejeras, ajustes de cuentas y muchas sangre, Waz (2007) -dirigida por Tom Shankland- acaba por no centrarse en nada en concreto y se tropieza con una extraña historia de amor final, que, aunque es lo mejor de la película, no sirve como colofón de una trama que va decayendo poco a poco. Ni siquiera el pequeño giro que intenta dar el guión casi al final consigue levantar el interés del espectador, que puede prever lo que va a pasar cinco minutos antes de que ocurra.

Ni el ritmo, ni el argumento en sí, ni la trama acaban de cuajar en esta película que promete mucho al principio, pero que se deshincha como un globo en su desarrollo. Ni siquiera ese eje central, la obsesión del asesino por la ecuación de Price, resulta del todo sostenible como motor de la película. Y para los que decidan ver Waz por las escenas gore, decir, en primer lugar, que no hay demasiadas y, en segundo, que si lo único que puede salvar la película es la sangre, realmente es que estamos ante un monumental fiasco.

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