miércoles, 18 de junio de 2008

'Los sin nombre', Jaume Balagueró

Tengo cierta confianza en Jaume Balagueró. Su primer largometraje fue Los sin nombre (1999), una película que, aunque levantó muchas expectativas, a mí me pareció un inicio bastante flojo. Luego dirigió OT la película (2002), que no he visto; le siguió Darkness (2002), para mí la peor de sus películas. En 2005 rodó Frágiles, un buen trabajo para levantar el vuelo y donde ya empezó a demostrar su verdadera esencia. Un año después dirigió el telefilme Para entrar a vivir, que tampoco he visto. Finalmente en 2007 presentó con gran éxito Rec, la mejor y más inquietante de sus películas.

Muchos críticos se enorgullecerán de haber dicho en su momento que a Balagueró le esperaba un gran futuro como director. Aunque no lo entiendo, a juzgar por sus primeras películas, debo reconocer que las últimas producciones están dando buen resultado. En 2009 se estrenará La dama número 13. Veremos qué tal.

Sin apartame de la cuestión, sirva esta introducción para hablar de Los sin nombre. Como ya se habrá notado, me parece una película muy floja y poco brillante. El argumento es inverosímil hasta el extremo. Una mujer (Emma Vilarasau) pierde a su hija de corta edad. Su cadáver es encontrado en un pozo y la policía certifica que el cuerpo es el de la pequeña. Pero nada es lo que parece cuando la mujer, Claudia, recibe varias llamadas de su hija pidiéndole ayuda.

Lo que en un principio parece una película de extraños fenómenos paranormales, se convierte en un tonta narración donde una sexta extremista experimenta con la perversión y el dolor como la máxima pureza del ser. Claudia tendrá que enfrentarse a una realidad tan insostenible como ridícula.

En esta película nada parece funcionar. El guión es flojo, la interpretación muy alejada de lo creíble (ni siquiera la gran Emma Vilarasau consigue que sus expresiones y palabras sean verosímiles), los efectos de sonido inadecuados (aparecen sin venir a cuento, sólo para dar algún que otro susto) y, con todo, la dirección muy mejorable.

El final, aunque imprevisible, resulta ridículo, por lo que no consigue llevar a buen puerto una película carente de buen rumbo.

Por todo esto, no entiendo que vieran en Balagueró a un director con futuro después de visionar Los sin nombre. Si bien es cierto que en sus últimos trabajos ha sabido encontrar el norte, esperemos que en los futuros nos deleite con más originalidad y que sus películas dejen de remitirnos a otros filmes de terror americano. Esperaremos...

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