martes, 24 de junio de 2008

'La búsqueda 2 (El diario secreto)', Jon Turteltaub

Vuelve a la carga el cazatesoros Benjamin Gates (Nicolas Cage), esta vez en busca de una antigua ciudad hecha de oro macizo. El objetivo de Gates no es, en cambio, hacerse rico, sino demostrar que su tatarabuelo no tuvo nada que ver con el asesinato de Abraham Lincoln. Y es que cuando Gates está haciendo una conferencia, aparece un desconocido tipo, Mitch Wilkinson (Ed Harris), que afirma tener la prueba que inculpa al antepasado de Gates como autor de la muerte del antiguo presidente de los Estados Unidos. Mientras Gates lucha por demostrar que su tatarabuelo es inocente, Wilkinson solamente tiene en la cabeza que su nombre pase a la historia por descubrir la mítica ciudad de oro.

A grandes rasgos, La búsqueda 2 (El diario secreto) es bastante parecida a la primera parte. Los que criticaban la inverosimilitud del argumento en la primera, lo harán en la segunda; los que disfrutaron con la entrega de 2004, lo harán con esta de 2007. Teniendo en cuenta el carácter más bien juvenil de la película, no creo que sea necesario reprochar lo insostenible de ciertas escenas: lo fácil que lo tiene Gates para entrar en uno de los despachos de la Casa Blanca o al Buckingham Palace, los pocos problemas que le supone descifrar enigmas y contraseñas, la persecución en las calles de Londres destrozándolo todo sin que aparezca un solo coche de policía, el encuentro entre Gates y el presidente de los EEUU e incluso el buen humor y la inteligencia de este último.

No estamos, por mucho que se empeñen algunos, ante una réplica de Indiana Jones, sino ante una película más de aventuras, pero con un tono simpático y poco serio. El director y los guionistas ya sabrían que no es posible entrar como Pedro por su casa en edificios oficiales del Reino Unido o de EEUU, pero quisieron ponerlo fácil a conciencia. No creo que sea un error de calibraje, sino la voluntad expresa de que así fuera (a pesar de que muchos tacharían la película de poco creíble). Puestos a desmontar la película, podríamos seguir con que resulta ridículo que moviendo una piedra, se abra una compuerta secreta en pleno Monte Rushmore o que surjan algunas de las trampas que se van encontrando los protagonistas en su búsqueda.

Pero creo que tanto el tono como la intención de la película están por encima de la meticulosidad e incluso diría que la película tiende la mano al espectador a creer, a ser benévolo, a pedirle que no sea muy severo en su juicio y se deje llevar por el argumento simplemente para entretenerse. La película no plantea nada más que puro entretenimiento, no es pretenciosa, por esa razón creo que es excusable esas encrucijadas cogidas con hilo.

Así que, sin que esta segunda entrega sea brillante y siendo más floja que la primera, todavía se puede uno dejar llevar por las aventuras del cazatesoros Benjamin Gates y la tropa.

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