jueves, 26 de junio de 2008

'El rayo verde', Éric Rohmer

Delphine (Marie Rivière) se siente sola, no consigue encajar con nadie ni en ningún lugar. A última hora una amiga ha suspendido el viaje que tenían planeado para el verano, por lo que intenta buscar otro sitio para pasar las vacaciones. No se atreve a viajar sola y las opciones que sus amigos le ofrecen no acaban de convencerle. A todo sitio donde va, no aguanta más de un par de días.

Delphine pide a gritos un poco de comprensión, ni siquiera ella misma es capaz de entender por qué se siente tan sola y por qué la relación con otros chicos no acaba de consolidarse.

El rayo verde (1986) narra una historia donde la realidad y el azar se funden. Cuando el sol se oculta al atardecer, deja los últimos rayos de sol visibles en el horizonte. El último de ellos es de color verde, apenas dura un segundo, pero si el cielo está despejado se puede tener la suerte de verlo. Delphine cree en la leyenda que dice que si ves con el hombre que amas el rayo verde, es que ese amor es sincero. La protagonista ansía que el azar -el rayo verde- le arroje un poco de luz a una vida tediosa y desesperanzada.

Viendo esta película, no cabe ninguna duda de que a Éric Rohmer le interesa reflejar la realidad tal cual es. Si quiere mostrar la banalidad de una conversación a media tarde, no se anda con rodeos: los personajes empezarán con la palabrería tonta y si el espectador se desespera con un guión hueco no es por ineficacia de Rohmer, sino justo por lo contrario, porque esa es la intención. Un ejemplo es cuando Delphine se empeña en convencer a sus amigos de lo sano que es ser vegetariano, los personajes se pasan varios minutos hablando sobre el tema sin llegar a ninguna conclusión. Pero esto no es nada extraño, solamente hay que analizar nuestras propias conversaciones de mesa, no siempre llegamos a conclusiones y, por supuesto, no siempre somos trascendentes.

Otro ejemplo claro es cuando Delphine conoce a una turista sueca que le propone jugar con un par de chicos. Es una tarde calurosa y por el tipo de conversación vacía, podemos percibir perfectamente la sensación de angustia de Delphine, que no le queda más remedio que levantarse y echar a correr.

La realidad misma no ofrece soluciones a Delphine, lo único que puede consolarla es el azar, la casualidad. El rayo verde del atardecer es el único momento donde la protagonista se siente realmente complacida.

Éric Rohmer es un maestro a la hora de reflejar la realidad, sabe cómo hacerlo. Es consciente de que los actores no pueden ser los únicos responsables de crear la atmósfera que busca el director; el trabajo de dirección y guión es fundamental. Por esa razón, en ocasiones parece que estemos viendo, más que una película, un fragmento documental sobre la vida de determinadas personas: síntoma inequívoco de que Rohmer es un maestro.

1 comentario:

josephb macgregor dijo...

Me parecen bastante acertadas tus dos reseñas sobre los dos films de Rohmer.
Lo único que añadiría, desde mi punto de vista, es que esas conversaciones más o menos banales a las que haces referencia en tu reseña sobre "El rayo verde" pienso yo que también indican la terrible soledad que sufre la protagonista de la historia: la soledad que uno siente cuando está acompañado o con mucha gente.

Por otro lado, es cierto lo que dices que Rohmer intenta captar la realidad. Este afán ha sido su obsesión como cineasta desde el principio de su carrera. Lo que pasa es que aparte de captar la realidad consigue emocionar; es decir no refleja ésta de manera fría o distanciada sino implicandose mucho con sus personajes mezclando naturalidad con ficción.

No sé si estas son los únicos films que has visto de Rohmer. Me permito recomendarte: Cuento de Verano, Mi noche con Maud, La mujer del aviador, La rende-vouz de Paris, la rodilla de clara y por supuesto Pauline en la playa. Al menos son mis favoritas.

un abrazo
josephb