sábado, 7 de junio de 2008

'El imperio de los sentidos', Nagisa Oshima

Sexo, sexo y sexo. Y pasión, por supuesto. Y... amor, algo de amor. Todo eso es lo que contiene uno de los grandes clásicos del cine oriental, El imperio de los sentidos (1976), de Nagisa Oshima. El sexo, explícito; el amor, implícito.

Sada, una prostituta que trabaja en un burdel, se enamora de Kichi de una forma más sexual que pasional. Entre ellos se establece una relación de gran dependencia, donde el placer es el eje cental de la narración. La completa sumisión de Sada hacia Kichi refleja la incontrolable necesidad de ella de pertenecerle a él sin condiciones. Sada le prohibe a su amante que se acueste con su mujer, bajo amenaza de muerte. Dos son, precisamente, los impulsos centrales de la película: el erótico (Eros) y el tanático (Tánatos). Solamente la muerte puede ser la vía de escape a una relación sexual -e incluso sadomasoquista- sin límites.

Escenas tan ilustrativas como cuando Kichi se lleva una pieza de sushi a la boca después de introducirlo en la vagina de Sada o cuando ella se introduce constantemente el pene de él en la boca, son solo algunos de los ejemplos más cargados de erotismo de la película.

Asimismo, el guión no tiene desperdicio. "¿Cómo es que lo tienes tan grande y tan duro?", pregunta Sada, a lo que el amante responde con una pícara risotada. Hay momentos cómicos, como cuando una de las sirvientas avisa a Kichi que nadie quiere entrar en su habitación porque Sada "siempre tiene su miembro en la boca". El desenfreno de la prostitua le lleva a pedirle a Kichi que se acueste con la sirvienta, una mujer de casi setenta años, a lo que él, poco después, responde complacido: "es estupenda, todavía lo tiene joven".

Escenas como éstas llenan la película, conformando un universo sexual -más que sensual-, donde el amor y la muerte se unen para dirigir las vidas de estos dos amantes, víctimas sumisas del imperio de los sentidos.

Imagen y guión unidos con fuerza para poner a prueba al espectador. Un clásico del erotismo japonés más que digno de ver.

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