martes, 24 de junio de 2008

'The Contract', Bruce Beresford

Ray Keene (John Cusack) decide llevar a su hijo de acampada a la montaña para intentar reconciliarse con él. Cuando bajan al río descubren que la corriente arrastra a un policía y a su detenido, Frank Carden (Morgan Freeman). El policía, herido de bala, pide a Ray que entregue al detenido. Pero Frank Carden no es un detenido corriente, sino un peligroso asesino a sueldo muy buscado por el FBI.

Lo malo de estas películas es que lo importante es la acción (los disparos, las persecuciones, los asesinatos...) y lo demás es secundario. Son esos típicos filmes en que el protagonista está entre dos árboles, un asesino dispara con una metralleta, pero las balas solamente van a los troncos. Eso sí, si los buenos tienen que disparar contra dos o tres malos, acertarán casi a la primera.

En un momento de la película, Frank Carden, mientras es retenido por Ray, se encuentra a unos cien metros de sus compañeros sicarios, pero en vez de dar un grito y que vengan a rescatarle armados, decide guardar silencio y seguir retenido. De hecho, durante toda la película Carden lo tiene fácil para escapar, pero contra toda lógica solamente intenta huir una vez. Igual de increíble es que en plena montaña, en mitad del bosque, el teléfono móvil de Ray no tenga cobertura pero el portátil de los sicarios pueda acceder a Internet con suma rapidez y el móvil de uno de ellos sí que tenga cobertura.

No es que el guión sea incoherente -sólo inverosímil-, es que el texto está supeditado a la acción, a la voluntad de mantener al espectador pegado a la pantalla. Pero, ¿quién se cree que un hombre viudo que lleva a su hijo de acampada para ganarse su cariño, decide poner sus vidas en riesgo por el deber de buen ciudadano de entregar a un peligroso asesino? Y no sirven excusas como que quiere ser un ejemplo para su hijo...

En general la relación entre los personajes resulta poco consistente, quizá debido a que ninguno de ellos está bien configurado, son perfiles poco creíbles.

The Contract (2006) demuestra que de nada sirve contar con actores de la talla de Morgan Freeman y John Cusack. Si el director -Bruce Beresford- no sabe hacer un buen producto, el resultado será un fiasco. La acción no lo es todo.

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